Daniela hubiera podido ser una muy buena bruja, de no ser precisamente porque se llamaba Daniela y porque la maldad era algo que le calzaba tan mal a su alma, como a un rinoceronte los zapatos taco aguja.
Además de esto, le gustaban mucho las papas rellenas y los choripanes, razón por la cual el culo le creció tanto que su pequeña escoba voladora era incapaz de levantarla por encima de los quince centímetros de altura.
La horrible verruga que debió haberle brotado sobre la nariz, parecía haber equivocado la trayectoría, apareciéndole finalmente a un lado de la fosa nasal derecha -casi casi sobre el labio superior- detalle que le confería un aire muy sexy y que hacía que a su lado Hermione Granger luciera como un chancay de veinte.
Daniela sin embargo, nunca fue consciente de su belleza y ni siquiera se daba cuenta cuando los chicos le espiaban la entrepierna por encima de sus medias negras mal remangadas. Fue así como con los años, Daniela fue asistiendo cada vez menos a los aquelarres… hasta que un día terminó quedándose sola, muy sola en su triste casita del bosque viendo series de la Warner y practicando inofensivos hechizos para hacer cuajar más rápido la gelatina.
Daniela hubiera podido ser un buena bruja pero terminó siendo solamente una bruja buena, una brujita, una bruja de halloween; y es bien sabido que a estas pobres chicas de buen caldero, ya nadie les tiene miedo,
nadie las dibuja en sus cuadernos
nadie les escribe un cuento.
Poco o nada se sabe de Eugenia Krugger, el verdadero primer amor de el joven manos de tijera.
Lima (EFE) Terrible golpe ha sufrido esta semana el mercado de la medicina natural tras la prohibición impuesta a la fabrición y comercialización de uno de sus más exitosos y aclamados productos: el concentrado de ranapollito.
Natalia tiene los ojos verdes y el cabello marrón como un chorro de whisky que bajase suavemente hasta sus hombros.
Yo quisiera ser abominable
Todos en la familia recordamos muy bien el día exacto en el que la abuela perdió la razón.
Roberto está en quinto grado de primaria. Es el capitán del equipo de lucha libre y el campeón indiscutible de la competencia clandestina de tacles hecha en el patio trasero del colegio. La huella de su zapato es la única que sigue en la pared pues la señora de la limpieza no era lo suficientemente alta como para alcanzarla con su trapo enjabonado. Sus compañeros le temen un poco y Roberto trata de mantener aquel estado. Así se siente seguro. Roberto no le dice a nadie que los domingos cuando está solo en casa le gusta ponerse las pantimedias y los viejos zuecos de su abuela. A veces incluso se saca fotos como esta en la que aparece junto a su gato Rascolnikoff. En el colegio también piensan que Roberto odia los gatos. Eso por supuesto, no es verdad.